Cuando le tristeza visita al corazón es difícil no llorar, más aún cuando la otra persona finalmente confiesa que no quiere nada contigo, ya sea porque no me ama o porque encontró alguien a quien amar.
Es ahí cuando los días se vuelven grises y las noches interminables, no dejas de pensar en que a partir de ahora te quedarás sola y que sólo dios sabe hasta cuándo, pero la soledad se apodera de tu alma y es así que comienzas a llorar.
Miras hacia un lado y recuerdas los momentos lindos que pasaste a su lado, y volteas al otro y se te vienen a la mente todas las aventuras que viviste junto a él. Todo lugar estaba impregnado a él, pero ya no está.
Aunque en este momento estas palabras no ayuden mucho, pero valen hacerte recordar: La noche pronto pasará, todo se acabará, y poco a poco ese triste corazón se alegrará, empezarás a ver la vida desde otro panorama, el de la esperanza, y cuando las heridas cicatricen, entonces todo cambiará.
Si por la noche hay llanto, por la mañana habrá gritos de alegría. Salmo 30.5
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